Arte y Acción Social

10 RIGIDEZ-FLEXIBILIDAD  aRTE   Y  >>ACCIÓN<<   SOCIAL  

 

Tomado el concepto de acción social de la manera más rigurosa, caemos en la cuenta de que,  por lo general, también  el hecho artístico afecta de alguna forma al contexto social, a partir de las símbolos y/o convicciones de quien o quienes lo llevan a cabo. A sabiendas de que pueden o no corresponderse con la realidad y transitar así entre la objetividad más adusta y la subjetividad más hilarante…, entre la actitud más inocua ante la situación circundante y la más decidida a contribuir a su transformación…, desde la más frívola a la más militante… ¿Es el arte una acción social que repercute en la sociedad?…, ¿Es recíproca esa relación?…, ¿Debe serla?…

En el mejor de los casos, tanto la Historia del Arte como la Sociología tratan de describir la relación dialéctica, causa-efecto, entre los hechos y sus repercusiones: ¿qué dio lugar a los actos?, ¿cuáles fueron sus efectos? … Estas  y otras muchas preguntas surgieron y seguirán surgiendo cada vez que nos planteemos el papel del ser humano entre los demás, que es bastante concomitante al del arte en la sociedad.

Ahora, que la zafiedad de las normas y “valores” del sistema imperante condicionan, manipulan e inhiben al individuo de una forma obscena y lacerante, no podemos volver la cara y permanecer ausentes ante los acontecimientos. Nuestros actos están llamados a  ser más sociales que nunca. Máxime cuando nuestra labor diaria es la Educación Artística y tanto la educación como el arte son hoy como aquella arma cargada de futuro (en que Gabriel Celaya quiso convertida a la poesía social y comprometida) que estamos obligados a blandir contra el oprobio.  ¿Cómo haremos para hacer valer el arte entre tanto desgarro social?, ¿sabremos transmitir el ingente potencial de los lenguajes artísticos para concienciar, comunicar, significar, alegar, proclamar, relacionar, contagiar, ilusionar, dar, transformar, … y en definitiva para construir realidad, conocimiento y experiencia, para emocionar? , que es tanto como hacer sentir y como tejer los mimbres que sostienen lo real. ¿Estamos convencidos de ello? Porque no podremos enseñar sin emocionar ni transmitir lo que no sentimos.

Un oficio que consiste en dar consistencia al mundo en que vivimos a base de educar e integrar en la diversidad, no puede concebirse rígido y redundante en lo trillado y rutinario, sino  permeable y dispuesto a discurrir por lo aleatorio y viable. Tanto para alcanzar soluciones insólitas, como para elevar la perspectiva de las personas  sobre asuntos que les afectan directamente y, de esta forma, contribuir a la consolidación de un tejido social dotado de principios de excelencia  y capaz de reaccionar de manera adecuada a sus necesidades. Y esto, además de  considerar el arte y la creatividad como herramientas para la revolución social, requiere de una visión holística  que relacione a los agentes de los diferentes estamentos sociales (Educación, Arte, Sociología, Salud, Cultura, etc.) para su conjunción en una concepción integral de la cultura libre de toda injerencia política y apoyada en una autentica apuesta por la convivencia solidaria.

 texto de  Joaquín Martín Jiménez
imagen: “Rigidez, flexibilidad“,  obra de Juan Samaniego